6 de octubre de 2026
La técnica empieza por escuchar
Hay un ejercicio muy sencillo y muy valioso para trabajar la concentración y la audición. Durante un minuto, profesor y alumno se quedan en silencio y tratan de atender a todos los sonidos que existen a su alrededor. Al terminar, los enumeran: un coche que pasa, unos pasos en el pasillo, una puerta, una respiración, el viento, una voz lejana… Después comparan sus listas y comprueban si han sido capaces de escuchar lo mismo.
Puede parecer un juego, pero no lo es. Es una primera forma de entrenar la atención: aprender a estar verdaderamente presentes y a distinguir lo que ocurre a nuestro alrededor. Esta misma actitud es la que más tarde necesitaremos delante del instrumento.
El siguiente paso puede ser concentrarse exclusivamente en la calidad del sonido. Un ejercicio que utilizo mucho consiste en colocar el violonchelo sobre una silla y pasar el arco sobre las cuerdas, como si fuera un pequeño concurso para descubrir quién consigue el sonido más bonito. Al retirar la dificultad de sujetar el instrumento y de coordinar la mano izquierda, toda la atención puede dirigirse al sonido: cómo empieza, cómo continúa, cuánto peso necesita, dónde está el punto de contacto o cómo cambia el color al modificar la velocidad del arco.
Después podemos llevar esa escucha a la afinación. En el violonchelo, afinar es ante todo estar pendiente. La mano izquierda puede estar muy bien colocada, pero, si el oído no está despierto y no compara lo que suena con aquello que buscamos, la afinación se escapa. No basta con poner el dedo en un lugar: hay que escuchar qué ocurre cuando llega a la cuerda.
Para entrenarlo, podemos comparar varios sonidos uno tras otro. ¿Cuál está más afinado? ¿En qué momento la nota se abre? ¿Cuándo deja de estar? Al hacer estas comparaciones, el oído se activa y el dedo aprende a ajustarse de forma cada vez más natural. La afinación deja de ser una colocación fija y pasa a ser un diálogo continuo entre el oído y la mano.
Los tres ejercicios forman parte del mismo aprendizaje. Primero atendemos a los sonidos de la sala: entrenamos la presencia y la capacidad de percibir. Después escuchamos la calidad del sonido: aprendemos a reconocer y a buscar una sonoridad determinada. Finalmente, aplicamos esa escucha a la afinación: comparamos, corregimos y ajustamos en tiempo real.
Todo lo que pedimos después en el instrumento —escuchar la cuerda, construir una frase, afinar o escuchar al compañero— empieza ahí: en saber atender de verdad. La técnica no es solo una sucesión de movimientos correctos; es, sobre todo, atención sostenida.
