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30 de agosto de 2026

Aprendiendo a estudiar: menos minutos, más atención

Cuando preguntan cuánto hay que practicar cada día, casi siempre respondo con otra pregunta: ¿cómo vas a practicar esos minutos? La duración es la parte fácil; la atención, la difícil.

La práctica eficaz se apoya en pausas cortas y objetivos concretos. En vez de «hoy toco la escala diez veces», mejor «hoy consigo que los cambios de cuerda suenen fluidos».

Para fomentar la concentración, un ejercicio muy útil consiste en tocar con los ojos cerrados. Al prescindir temporalmente de la vista, se agudizan y se potencian los demás sentidos, especialmente el tacto y el oído. Esto permite percibir con mayor claridad lo que ocurre en el instrumento y en el propio cuerpo.

También podemos dirigir la atención hacia aspectos puramente físicos de la interpretación: sentir el roce de la vara del arco entre los dedos y localizar exactamente dónde se produce; observar la caída natural del brazo y su peso sobre la cuerda; notar cómo la resina se aferra a ella y sostiene ese peso. En la mano izquierda, podemos percibir la gravedad cuando los dedos caen sobre la cuerda, recordando que no se trata de apretarla, sino de apoyarse en ella con el peso natural del brazo y de la propia gravedad.

Durante el vibrato, por ejemplo, es posible llegar a sentir la vibración de la cuerda en la yema de los dedos. Este tipo de atención sensorial nos devuelve al presente y evita que el estudio se convierta en una repetición automática. Concentrarse en sensaciones físicas concretas ayuda a que el trabajo técnico sea más consciente, preciso y eficaz.

La expresión musical requiere, además, otra clase de escucha. Grabarse es una herramienta especialmente valiosa porque permite tomar distancia de lo que hacemos y preguntarnos qué queremos que realmente escuche quien nos oye. Al escucharnos desde fuera, podemos valorar si la intención musical llega, qué matices queremos resaltar y qué aspectos de la interpretación necesitan una nueva búsqueda.

Cantar los pasajes con nuestra propia voz, declamándolos y acompañándolos con los brazos y con todo el cuerpo, casi como si los bailáramos, es de enorme utilidad para encontrar la frase musical. La voz es nuestro instrumento primario: aquel con el que conectamos de forma más directa y natural con nuestra intención expresiva. Antes de buscar una idea musical en el instrumento, podemos vivirla con el cuerpo, respirarla, cantarla y darle dirección; después será mucho más fácil trasladarla al sonido.